No juguemos con eso

No juguemos con eso

Jose Luis Taveras

Seamos honestos: tuvimos una reforma judicial trascendente. Los avances cualitativos son obvios. Negarlos es insensato.

Se ha hecho lo óptimamente posible para hacer de la administración de justicia un ejercicio público digno. Nunca será comparable lo que simulaba ser el Poder Judicial de otrora con lo que tenemos hoy. Ha habido valoraciones injustas sobre los alcances y logros de la reforma. Pero, quiérase o no, las condiciones tribales de organización y operación del aparato judicial antes de la actual Suprema Corte de Justicia nunca podrán acreditar mayores méritos que los que ha acumulado en estos casi tres lustros el nuevo Poder Judicial. Y nos ha costado mucho.

Pero como todo se desgasta, es imperativo admitir que la administración de justicia pierde mística. Hoy es un Poder cansado. La reforma entra en franca dilución.

Los cambios constitucionales han creado una sensación de desbandada en el ámbito judicial. La incertidumbre que crea la nueva configuración del Poder Judicial -sometido a un suprapoder como el Tribunal Constitucional- ha suscitado ansiedades dentro de la Justicia. Existe la aprehensión, en ciertos actores, de que el proceso de selección de los nuevos miembros de esa alta jurisdicción como los de la Suprema Corte de Justicia se contamine políticamente y que las legítimas perspectivas de promoción o movilidad se evaporen.

En confesiones de intimidad algunos excelentes magistrados nos han revelado que si no se operan cambios relevantes...

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