Ayudemos a don Mariano

Ayudemos a don Mariano

José Luis Taveras

Editorial.

Mariano es un hombre auténtico. Dice lo que piensa sin cuidar mucho las formas. Es franco, natural y jovial.

Cuando fue elegido presidente de la Suprema Corte de Justicia presentí que la época de las relaciones públicas agotaría sus últimas cuentas y que los presupuestos publicitarios serían cortados. No me equivoqué.

Este hombre, de probada sencillez, es huidizo, alérgico a la exposición pública y muy, pero muy austero. Le he oído decir, en más de una ocasión, que su esposa administra su bolsillo. Recientemente hizo un viaje a Chile y llevó solo 300 dólares para solventar los gastos de una semana; regresó con 250. En estos tiempos de frívolos hábitos de consumo eso es virtuoso.

Hace algunas semanas, Mariano convocó a gente de la comunidad profesional para escucharlos. Lo hizo a su proverbial manera, sin plan ni agenda. Quería saber lo que pensaban del Poder Judicial. Con un Paper Mate barato anotó en una libreta todas las críticas desenvainadas. Escuchó atenta y pacientemente. Todos hablaron, aun más de lo debido. Luego le tocó su turno, el último, pero el más relevante. Habló como es: llano, directo y sincero. Mientras lo hacía, pensé que ese hombre, de prestigio consumado, merecía ser escuchado. Sus palabras, cautelosamente medidas, transmitían preocupación e impotencia...

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