Lo que me pronostica la bola de cristal

 
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Lo que me pronostica la bola de cristal

Ernesto J. Armenteros

Arquitecto, Ex-profesor y fundador de la Escuela de Arquitectura de la UNPHU, escritor, navegante y viajero.

Walter Mercado escribe el horóscopo. De acuerdo a la posición de las estrellas, le recomienda diario, semanal o mensualmente a sus lectores las bienaventuranzas o peligros que se les avecinan en el futuro y cómo proceder. Esto apoyado en su signo zodiacal.

El horóscopo aparece en numerosos periódicos y revistas. Walter Mercado es un personaje muy popular en la televisión. Es también un personaje muy teatral. Normalmente anda ataviado de una capa y acompañado de numerosos asistentes que parecen ser vestidos por Lady Gaga.

Me presentaron a Walter Mercado en una oficina de TV que visitaba por negocios. Con la intención de tomarle el pelo, cuando me lo presentaron, le dije: “¡Ay, don Walter, usted no se imagina el deseo que tenía de conocerlo! Yo no salgo a la calle sin antes leer mi horóscopo en su columna”. Walter se dio una vuelta en redondo, mientras levantaba una pierna en un paso de ballet clásico y ondeaba su capa roja como si fuera la de un torero, exclamó a viva voz: “¡Oyeron! ¡Oyeron! ¡Oyeron! ¡Todos me aman!”. Siguiendo la cuerda, como decimos en las tertulias, le dije: “Don Walter, no me atrevo a salir a la calle si no me lo recomienda, ¿qué hago?”. Al instante, Walter Mercado, a viva voz, me dijo: “¡no salgas!, ¡no salgas!, ¡no salgas!”. “¿Por qué?”, le pregunté, asumiendo un gesto de alarma. “¿Me espera una desgracia?” “¡No!” Me gritó. “Es que te vas a mojar. Está nublado”. Dijo esto riéndose a mandíbula batiente, mientras el coro de ayudantes le celebraba la ocurrencia.

EL BURLADO FUI YO:

A pesar de la experiencia con Walter Mercado, me voy a arriesgar a hacer el ridículo otra vez, alentado por la frecuencia con que mi hijo me dice que “tengo boca de chivo”, porque cuando digo que algo va a pasar, pasa. Quizás esto sea porque aprendí de Walter Mercado que si está nublado, posiblemente llueva.

Pues bien: ¿Qué nos depara el futuro?

EN TECNOLOGÍA:

Los libros y la prensa impresa desaparecerán del mercado. Recibiremos la información a través de una pantalla como la de la TV, por medio de la cual se recibirán en formato electrónico: libros, revistas, correos, etc. Los niños no tendrán que transportar libros a la escuela. No tendrán que escribir en libretas; los maestros podrán corregir los trabajos recibiéndolos por vía electrónica. Esta modalidad de comunicación transformará los currículos de la enseñanza y aumentará aun más las ventajas relativas de los niños educados en el nuevo sistema. Ya lo anterior está en proceso. Yo recibo mis libros y revistas en un Kindle de Amazon y puedo transportar la Biblia, El Quijote y la enciclopedia en una tablerito. Ya este sistema está en proceso de perfeccionamiento y en cuestión de meses será aun mejor.

El pago por medio de tarjetas de crédito y de débito sustituirá el intercambio de dinero en efectivo. Pagaremos y cobraremos por transferencias bancarias y cheques. A los empleados y obreros se les pagará cargándoles a una cuenta sobre la cual podrán girar con ayuda de tarjeta electrónica, similar a las de crédito que ya usamos, la cual contendrá la información con el valor restante en la tarjeta y estos podrán transferir esos valores de una cuenta a otra.

Cédula, pasaporte, registro de votante, seguro social, lugar de trabajo, teléfonos, direcciones y visas, en fin, todos los datos y identificaciones personales se encontrarán un chip electrónico que toda persona llevará consigo y entregará cuando se le requiera, por ejemplo, para cruzar fronteras, votar en elecciones, pagar impuestos, hacer reclamos de seguro, etc.

Todo lo anterior requerirá que las personas tengan destrezas en el uso de tecnologías avanzadas, las que demandarán educación y marginarían aún más a aquellos que no tengan formación.

Está nublado, va a llover.

EN LO AMBIENTAL:

Cada vez con más frecuencia ocurrirán catástrofes con mayor número de fatalidades. El incremento de la población a lo largo de las riberas nos costará, tarde o temprano, cientos de miles de vidas...

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