En nuestro inexorable camino hacia la muerte

 
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En nuestro inexorable camino hacia la muerte

Ernesto J. Armenteros

Cuando envejecemos cosechamos lo que hemos sembrado en la vida.

Conozco a un individuo que se pasó su vida profesional robándole a los más pobres. No es todavía un anciano escarranchado, pero lo parece. Está cadavérico, se mantiene aislado de la sociedad, rara vez sale a lugares públicos, por lo menos en la República Dominicana. No mira a los ojos. Un caso patético. Tiene una fortuna muy substancial en diferentes cuentas bancarias en los Estados Unidos y Europa; todo en efectivo. No creyó nunca en invertir en negocios de terceros. Sus yernos -- no tuvo hijos--, todos los días prenden velas para que se acabe de morir. Uno de ellos, el más descarado, no tiene tapujos en manifestar que desea que su suegro y él, ambos, pasen a mejor vida. Manifiesta públicamente que no se explica qué espera el suegro para morirse.

Tenía un pariente que perdió la fortuna que heredó cuando aún era muy joven debido al juego, su generosidad y filantropía. En su vejez, totalmente arruinado, fue cuidado con esmero por los que en vida trató con generosidad y afecto.

Tenía una tía que trabajó hasta pasados los ochenta. Murió pocas semanas después del último día que fue a trabajar. Dejó de herencia una gran empresa y una gran fortuna. Me cuenta uno de mis primos, nieto directo de ella, que a su muerte el único dinero que tenía a su nombre era justo el necesario para cubrir los gastos del entierro. No quería imponerle este gasto a terceros. Toda su fortuna la repartió en vida. Crió sus tres hijos y a sus nietos, de su hija que murió joven. Cuando joven ayudó a su madre a cuidar a los hermanos menores, algunos más jóvenes que sus propios hijos. Décadas después de su muerte, a sus nietos se le llenan los ojos de lágrimas recordando la bondad de la vieja.

Meyer Lansky, el capo di tutti capo de la mafia que controló los casinos de Cuba en tiempos de Batista, era enemigo de la violencia a pesar de que, por lo que consideraba necesidad de negocios, se le atribuyeron varios asesinatos. Desde jovencito hasta la vejez fue dueño de hoteles, casinos y negocios relacionados con vicios, pero siempre fue un componedor de intereses. Trató siempre de conciliar y nunca fue egoísta con los enormes ingresos de sus negocios lícitos e ilícitos. Vivió una vida en la ilegalidad pero solo pasó en la cárcel unos pocos días. Fue acusado de crímenes, fraudes y negocios ilícitos, pero siempre se las ingenió para salir absuelto. A...

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