Cáncer, drogas y religión 3 de 3

 
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"Cáncer, drogas y religión (3 de 3)"

Ernesto J. Armenteros

LAS PREGUNTAS DE CLAUDIA:

Tengo preguntas que me han perseguido desde hace años y sus últimas Lucubraciones no me las responden. Esperé a ver si llegaban las respuestas sin yo tener que hacer las preguntas. Pensé hacérselas a mi tía Marcelle, cuando tenía cáncer terminal, y no me atreví. Se las hice a Eduardo cuando estaba enfermo de muerte y no me contestó. Así que aquí le van las preguntas a usted.

Siempre me ha dado curiosidad saber qué pasa por la mente de alguien que "ve a la muerte a la cara", como usted menciona sintió cuando le dieron el diagnóstico y como usted menciona pensó que iba a morir por los dolores insoportables. ¿Qué pasa por la mente en esos momentos? ¿Es como las películas, que el secreto de la vida es revelado? ¿O simplemente el terror no le deja pensar? ¿El secreto de la vida es revelado? ¿Hay arrepentimiento, rencores? ¿Haría usted algo diferente ahora que tiene una segunda oportunidad? ¿Se replantea uno todo lo vivido?

LA RESPUESTA A CLAUDIA Y A MIS LECTORES:

La muerte y "mirarle la cara a la muerte" es una experiencia individual. Cada persona es diferente, tiene un bagaje cultural diferente y las circunstancias en que uno contempla el final de su vida también son diferentes. Lo que pueda pasarle por la mente a una persona muriéndose lentamente de cáncer a los 74 años es diferente a lo que le cruzaría por la mente a un sátrapa contemplando la horca. Los testimonios de aquellos que han "muerto" por unos minutos por causas naturales y han "regresado a la vida" difieren de los últimos momentos de aquellos que mueren violentamente bajo tortura.

Lo que puedo narrar con certitud es mi experiencia "contemplando la muerte a la cara". Mi experiencia reciente no es la primera en que he considerado que mis probabilidades de morir eran altas. En varias ocasiones previas he pensado que he estado en peligro de muerte por alguna enfermedad seria, o por el peligro que implicaba una de mis aventuras y sus circunstancias, pero nunca antes había tenido la certitud, ni la resignación de estarme muriendo y de que el plazo para el desenlace era inminente. En el convencimiento de morir en corto plazo se piensa mucho. Es más, yo no podía pensar en otra cosa que no fuera eso: que me estaba muriendo. Esto ocupaba mi atención completa y continua. Todas las horas, día y noche. ¿Aterrador? No recuerdo que lo fuera. Sí sentía una profunda tristeza porque todos los afectos acumulados de una vida se disiparían. Tenía curiosidad de qué pasaría al final y cómo sería la transición de la vida a la muerte y estuve resignado a lo que podía pasar. Pero los dolores eran tan intensos, tan insoportables, que lo que más deseaba era salir de aquello. Si me estaba muriendo y de eso se trataba lo que estaba viviendo, lo que deseaba es que ocurriera ya, para así dejar de sufrir.

Cuando en mis escritos me referí a "mirarle a la cara a la muerte", a esta experiencia es a la que me refería. No estoy seguro de que esa sea la respuesta que deseas. Creo que lo que buscas es la respuesta a esa pregunta milenaria que le ha surgido a los seres racionales desde que tomamos conciencia de nuestra peculiar capacidad de pensar, diferenciándonos de todos los otros seres vivos que habitan nuestro planeta. Me voy a aventurar a especular que tu curiosidad es la de saber ¿qué pasa cuando uno muere? Esa pregunta controla el pensamiento cuando uno "mira la muerte a la cara". ¿Me voy a disipar en la nada? ¿Pasaré a otro mundo? ¿Dependerá el otro mundo que me toque, cielo o infierno, de mi balance de lo bueno contra lo...

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