La Mona, la diáspora, la conquista 1 de 2

 
EXTRACTO GRATUITO

La Mona, la diáspora y la conquista (1 de 2)

Ernesto J. Armenteros E.

LA MONA

“Una manita me está diciendo adiós desde el mar”, le dijo la jovencita al capitán de barco de pesca deportiva mientras se dirigían desde Rincón, Puerto Rico, a Isla de La Mona a pescar. Tenían prisa, era jueves al atardecer y querían llegar al anclaje todavía con luz.

A pesar de la premura, instintivamente, el capitán giró la embarcación a toda máquina ciento ochenta grados. Tan pronto encontró la estela de la embarcación para tomarla de regreso, la jovencita gritó: “Ahí está la manita”. A media agua hundiéndose en el mar del Canal de La Mona, un cuerpo agitaba un brazo que era lo único que salía de la superficie. Al tiempo que el cuerpo se sumergía, posiblemente por última vez, el capitán de la embarcación, colgado de la borda, haló el brazo arrastrando el cuerpo hacia la plataforma donde normalmente se colocan los pescados cuando son subidos a bordo.

Era el cuerpo completamente desnudo de una joven que apenas había superado la edad de pubertad. El cuerpo estaba cubierto de llagas, algunas abiertas y sangrando. Convulsionando, tosiendo y vomitando, expulsó en espasmos buches de agua salada y bilis hasta que exhausta quedó tendida boca arriba con una débil respiración. El capitán de barco la cargó hasta la cabina, la colocó en el sofá, la cubrió con una manta y ordenó que le prepararan un caldo de pollo tibio. Con una cuchara, fue dándole agua de azúcar, que inicialmente tenía que forzarle en la boca. Luego el caldo. Poco a poco se fue recuperando, le cubrieron el cuerpo con crema humectante. Sobre las llagas abiertas, le pusieron crema antibiótica. Llamaron al servicio de guardacostas de Puerto Rico y explicaron lo ocurrido. Recibieron instrucciones de dirigirse a la Isla Mona. Ellos enviarían ayuda.

En los días siguientes, la joven se mejoró completamente, sin duda debido a su juventud, condiciones físicas y deseo de vivir. Contó que los dejaron en la Isla Desecheo diciéndoles que eso era Puerto Rico, el domingo en la noche. Desecheo es un islote sin agua, sin playa, escarpada y sin acceso fácil, totalmente inhabitada y sin comunicación alguna. Era un grupo muy numeroso de cincuenta personas. Al día siguiente, el lunes, amanecieron agarrados de los arbustos de la escarpada orilla y tomaron conciencia de su preocupante situación. Después de pensarlo y discutir mucho, un grupo de dieciséis, de los que ella era parte, decidió aventurarse a tirarse a la mar y tratar de alcanzar la distante...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA