Decanos del derecho entrevista a Ramón Antonio Veras

 
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Decanos del derecho entrevista a Ramón Antonio Veras

Ruth J. Ruiz

Isaías G. Herrera

Fotos: Rafael Terrero

Ramón Antonio Veras

"Esta profesión no es para hacerse rico, solo se gana lo suficiente para vivir decentemente".

Ramón Antonio, "Negro", Veras proclama que llegó a la abogacía por vocación y con la firme pretensión de defender lo justo. Esa vocación innata le permitió superar todas las adversidades que se presentaron en su camino durante su niñez y los primeros años de su juventud y, contra todo pronóstico, lograr graduarse de abogado con las más altas calificaciones académicas.

Pero las vicisitudes no acabarían ahí, sino que, como nos cuenta en esta entrevista, le tocó ejercer en un escenario enrarecido por la situación social y política que se vivía en esa época en la República Dominicana.

P. Háblenos de sus inicios en la carrera de Derecho.

A los seis meses de llegar el doctor Joaquín Balaguer al gobierno, en 1966, la promoción nuestra se invistió como abogados en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Fue el sábado 25 de febrero de 1967. De inmediato me trasladé a Santiago a ejercer la profesión. Cuando llegué a esa ciudad, tenía la posibilidad de dedicarme al ejercicio de la profesión pura y simple y a criar a mis hijos. Pero no. Ligué el ejercicio de mi profesión con la causa de los presos, de los perseguidos y los deportados por el régimen de esa época. Fue un periodo sumamente difícil de la vida política y social del país, porque había terminado la guerra y llegó el gobierno del Dr. Balaguer y el ambiente todavía olía a pólvora. Cada quien se consideraba dueño de la verdad y yo consideraba que la verdad estaba del lado de los perseguidos, de los torturados y desaparecidos. Yo tenía que estar de ese lado. Fueron muchas las veces que recibí en mi oficina a una madre llorando, con la camisa ensangrentada que le había enviado su hijo desde la cárcel, donde había sido torturado. Todo eso lo viví. Los expedientes eran preparados por el servicio secreto. Algunos de los representantes del Ministerio Público que participaban en un allanamiento eran del servicio secreto y algunos de los jueces también estaban vinculados con las Fuerzas Armadas al servicio del régimen. Era una situación sumamente difícil.

En ese escenario ejercí desde el 67 hasta el 78, y aún más allá porque ya estando en el gobierno don Antonio Guzmán, en el año 1980, fui objeto de prisión y mi casa allanada por denunciar la persecución y el crimen ejecutado contra tres niños en Santiago, bajo la jefatura de Paulino Reyes de León. Pagué las consecuencias muchas veces. En el régimen de Balaguer fui a la cárcel en dieciséis ocasiones. El día primero de mayo de 1972 mi cuerpo fue lanzado desde una segunda planta, introducido en el baúl de un carro de la Policía y depositado en la morgue del hospital Cabral y Báez. Permanecí durante 26 días que no sabía dónde estaba ni conocía a mis hijos ni a mi esposa. Ese fue el precio que pagué específicamente por defender a Lorenzo Vargas, el Sombrerero, a quien acusaban de haber asesinado en Santiago a un dirigente del MPD, Jesús María Álvarez, Boyoyo, y también por la defensa que yo llevaba de Jorge Puello Soriano, el Men, que tenía veintidós expedientes de factura criminal...

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