DESARROLLO COMPETITIVO, INTEGRACION LA EXPERIENCIA DOMINICANA

 
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"DESARROLLO COMPETITIVO E INTEGRACIÓN LA EXPERIENCIA DOMINICANA"

Antonio Isa Conde

Miembro del Consejo Nacional de Competitividad. Secretario de Estado-Asesor Industrial del Poder Ejecutivo.

El reto que representa para nuestro país el inexorable tránsito hacia un modelo económico de integración, se ha convertido hoy por hoy en el centro del debate en materia de política económica, como consecuencia del proceso de ratificación del tratado firmado en agosto del 2004 entre Estados Unidos, Centro América y República Dominicana, conocido como DR-CAFTA.

Este debate se produce no obstante existir la convicción entre los sectores protagonistas de que la inserción competitiva de la República Dominicana en los mercados internacionales de bienes y servicios es una condición imprescindible para el relanzamiento de nuestra economía, y para alcanzar un desarrollo sostenido en el ámbito económico, político y social.

De ahí que la discusión se haya centrado alrededor de la posición sostenida por la mayor parte de las organizaciones empresariales, de que antes de la ratificación del tratado por el Congreso Nacional, el país necesita adecuación fiscal y cambios institucionales, para poder competir en igualdad de condiciones con los productores de Estados Unidos y Centroamérica.

Estas reformas, a juicio de los proponentes, son imprescindibles para la supervivencia del sector dentro de un esquema de integración, sobre todo en un momento en que el país está salienido de una crisis económica de grandes proporciones, que le ha obligado a firmar un acuerdo con el FMI y tomar medidas restrictivas de carácter monetario y fiscal que afectan la competitividad de los sectores productivos, por encima de las propias y naturales deficiencias de un aparato productivo que se ha desarrollado al amparo de un modelo que ha dejado de tener sentido dentro de los esquemas en que hoy se desenvuelve la economía mundial y una tradición de políticas públicas de sesgo anti-exportador.

Por el contrario, otros plantean que el camino es ratificar el DR-CAFTA de inmediato y que se siga trabajando en procura del consenso necesario para

aplicar las reformas estructurales que harían posible reducir los costos internos y mejorar la competitividad. Cualquier espectador de manera simplista de este debate, podría ver similitudes con aquel en que se discutía quien iba primero sí el huevo o la gallina.

Afortunadamente este es un problema mucho más sencillo de analizar, sobre todo si pudiera manejarse en un ambiente de confianza, libre del peso de los prejuicios que han producido toda una tradición del incumplimiento de promesas de parte de quienes han manejado la cosa pública en distintos períodos de nuestra historia.

Me encuentro entre quienes piensan que la integración de la República Dominicana a la economía mundial es una necesidad, pero ésta no puede verse como una estrategia de desarrollo, sino como una de sus partes integrantes.

De ahí es que siempre he sostenido que para enfrentar con éxito el reto que representa un acuerdo como el DR-CAFTA y los acuerdos que se firmaron anteriormente con Centroamérica, era necesario realizar una acción en dos frentes: en primer lugar una buena negociación, en donde se tomaran encuenta las asimetrías, capacidades y posibilidades competitivas de nuestros países y, paralelamente a ella, desarrollar toda una estrategia de competitividad nacional sistémica que involucre no solamente a los sectores productivos y las empresas, sino al propio Estado.

Ya que el sector productivo por más esfuerzos que haga no será competitivo si el Estado es ineficiente, pero así mismo por más eficiente que sea el Estado, por mas ajustado que esté el marco regulador a los retos de los nuevos tiempos, si el sector productivo no mejora su eficiencia y su productividad, el país no será competitivo y cualquier esfuerzo integrador será un fracaso.

De ahí la importancia que reviste unir libre de prejuicios los esfuerzos del sector privado a los esfuerzos del sector público y actuar en una sola dirección, proyectando el liderazgo capaz de definir una visión del país en donde queremos vivir y ponernos definitivamente a trabajar por ello.

En el caso que nos ocupa, los problemas han surgido, en primer lugar, porque en la negociación no se tomó en cuenta suficientemente las asimetrías y las capacidades competitivas de las partes, cosa fundamental para que haya una competencia justa.

Lo ideal hubiese sido que entre los negociadores hubieran participado algunos jugadores de golf interesados en que se aplicaran las reglas de ese deporte donde pueden participar en una competencia en igualdad de condiciones dos jugadores con destrezas distintas, tomando en cuenta el handicap de cada cual.

Lo cierto fue que las cosas no se produjeron de la mejor forma, lo que no debió ocurrir, sobre todo después de la experiencia con los acuerdos con Centroamérica, y en ese caso la situación es mucho más triste, porque se trataba de productores con iguales niveles de eficiencia, pero sometidos a dos regímenes fiscales internos diferentes, donde se afectó al productor dominicano por no haberse podido adecuar la política fiscal, para no hablar de otras deficiencias no atribuibles a los propios productores como son nuestros costos energéticos y financieros.

Esa experiencia nos debió conducir por un lado a negociar mejor y por el otro a duplicar los esfuerzos para mejorar nuestra competitividad sistémica; esto último no se hizo, lo que es peor, la situación se agravó ya que se aplicaron políticas económicas que llevaron a nuestro país a un desastre, sobre todo como consecuencia del mal manejo de la crisis que se produjo en el sector financiero, con la quiebra fraudulenta de algunos de nuestros principales bancos.

No obstante, aun en esas negativas circunstancias, desde el sector privado se continuó haciendo esfuerzos por mejorar la competitividad sobre la base de algunos proyectos que se habían iniciado, estimulados por la política que en este sentido había llevado a cabo el gobierno anterior del doctor Leonel Fernández, entre los cuales los más significativos fueron aquellos realizados por el Grupo de Competitividad, cuyo producto más importante fue el haber diseñado junto a un equipo de técnicos y especialistas nacionales e internacionales una Estrategia Competitiva Nacional.

Este proyecto se desarrolló sobre la base de un proceso de planificación estratégica abierta, participativa y dinámica, con una visión a largo plazo.

También, y a partir de esa iniciativa, empezaron a desarrollarse esfuerzos tendentes a la creación de clusters de turismo y agricultura en distintas regiones del país, dentro del programa de competitividad y política USAID de Chemonics International. Asimismo, la Fundación Global Democracia y Desarrollo, ha estado trabajando en el manejo de problemas relacionados con la competitividad desde el inicio de sus actividades, y uno de los productos más importantes de ese esfuerzo es el estudio sobre estrategias nacionales de competitividad que realizara el Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, con los auspicios de la fundación, un estudio en el que participaron especialistas de ese centro bajo la dirección del doctor Jeffrey Sachs.

También se desarrollaron otros trabajos, conferencias y estudios. Incluso todavía en el día de hoy se está manteniendo una actividad permanente en este campo, en...

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