Entrevista

 
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"Entrevista"

Miguel Angel Prestor.

Si determinados abogados dominicanos han tenido algún género de práctica profesional Sen Francia, haciendo alguna vez presencia activa ocasional o cercana a las jurisdicciones francesas, probablemente el único que se ha acreditado en la barra de París con una dilatada y sustanciosa carrera profesional lo ha sido el petromacorisano Rafael Del Giúdice Knipping.

De una sobresaliente foja académica, doctorado en Derecho por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, mención Magna Cum Laude, doctorado en Ciencias Económicas por la Universidad de París 1, Panteón Sorbona, siete años de estudios de postgrado que incluyen un diplomado en Ciencias Políticas, Del Giúdice Knipping ha gozado de un ejercicio exitoso en un medio organizado, donde la seguridad jurídica resulta de unas sólidas instituciones, entre las que resalta un respetable sistema judicial.

En esta saga profesional no hay improvisación alguna. Cuanto ha hecho el doctor Del Giúdice desde su llegada a París hace treinta años ha sido estudiar, investigar, superarse como postulante en diversas jurisdicciones, erigiéndose espontáneamente en un magnífico representativo del talento que abunda en esta isla caribeña. El es hijo de otro brillante abogado dominicano, el doctor Pedro Barón Del Giúdice Marchen, cuyo ruedo profesional ha sido principalmente San Pedro de Macorís, pero de esos estratégicos litigantes a los que pocos abogados quieren tener en la barra opuesta.

Pese a que decenas de abogados dominicanos han desfilado por las facultades de Derecho de las universidades francesas para efectuar estudios de complementación académica, evidentemente, son muy pocos los que se han establecido en la región parisina o en otras localidades del país galo para vestir la toga y frecuentar los órganos jurisdiccionales franceses. Aparte del doctor Del Gíudice, entre quienes escasamente pudieran mencionarse con algún tipo de ejercicio jurídico en aquellos lejanos dominios de Europa, ha figurado la doctora Cristina Aguiar, nuestra actual embajadora por ante las Naciones Unidas. Pero pasar por la fragua de la solución litigiosa y alcanzar el estrado superior del consultor y asesor de grandes corporaciones, no es cosa común. Lo ha logrado el doctor Del Giúdice a base de continuos esfuerzos.

Una mañana del invierno de 1996, todavía en vigor el año judicial en Francia, llega, como lo hace habitualmente, al Boulevard du Palais, al lugar donde está situado el Palacio de justicia de París. El abogado, de estatura media, más bien delgado, se dirige, toga en brazo y maletín en mano, a la sala de audiencias del Juge des Reféres y allí, frente al juez de los Referimientos, le observamos, diligente, presentar sus conclusiones.

Ahora, de manera casual, hemos vuelto a encontrarnos con el doctor Del Gíudice. El lugar ha sido esta vez una librería de Santo Domingo en la que coincidimos en pasar revista al material jurídico. Ha venido por unas días a su país, principalmente con la idea de formalizar gestiones para establecer una suerte de corresponsalía jurídica dominicofrancesa. Y hemos creído oportuno entrevistarle.

Antes de entrar en consideración sobre proyectos, se nos ocurre preguntarle, doctor Del Gíudice, ¿qué tiempo lleva ya usted en Francia y cuál ha sido allí su complementación académica?

Bueno, yo llegué a París en 1968 can un cargo diplomático en la Embajada dominicana. Me había graduado de Doctor en Derecho, honor Magna Cum Laude, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Entonces, habiendo sido designado Agregado Cultural, salí hacia París con el propósito de hacer estudios de especialización. Tuve en principio la intención de estudiar Derecho Internacional Público. Sin embargo, al llegar allí me di cuenta que era interesante completar, digamos, la formación jurídica que había tenido en la UASD, con una formación en ciencias económicas y lo que hice fine un doctorado en Ciencias Económicas, orientado, en términos de especialización, hacia la economía del desarrollo;

Estudios que realicé en la Universidad de París 1, Panteón Sorbona.

En el cuadro de esos mismos estudios, ingresé al Instituto de Altos Estudios de América Latina que depende de la Universidad de París 111, así como en el Instituto de Desarrollo Económico y Social que depende de la Universidad de París I, donde estudié Sociología del Desarrollo y presenté mi tesis en el año 1974 acerca del sistema de planificación en la República Dominicana, analizado frente a los requerimientos del desarrollo. Ya en 1972 había hecho un diplomado en Ciencias Políticas y, también en 1974, terminé una maestría en Derecho Internacional.

¿Qué primó en usted para optar, concluidos sus estudios en París, por el ejercicio de la abogacía en Francia?

Una vez que yo había terminado mis estudios aquí y allá... en realidad fueron estudios bastante largos, resulta que yo consideré como algo oportuno e interesante el tener una experiencia directa en el medio francés. Una experiencia, digamos, profesional en Francia para poder poner en práctica cosas que yo había estudiado justamente allá y, sobre todo, una experiencia en el sector privado.

Cuando yo terminé mis estudios una empresa francesa me ofreció, a través de la misma Facultad, una oportunidad de participar en el departamento jurídico de un conglomerado de empresas francesas. Me gustaba tener esa experiencia directa en el medio francés para poder, comparar los sistemas, las instituciones, los contratos, las modalidades, las manera de aplicación; la manera cómo la gente se desenvuelve allí y como ve las cosas.

A reservas de volver sobre el tema de lo que representa para un abogado dominicano el ejercicio profesional en Francia, y en vista de que pasa usted por su país en un momento es aquí cuestionada la aptitud profesional de muchos abogados y, consiguientemente, la eficacia de la formación en las escuelas de Derecho, se me ocurre preguntarle: ¿Qué garantiza en Francia la calidad en la formación de los profesionales del Derecho?

La formación de los abogados propiamente dicha depende en Francia de la Escuela de Formación...

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