El fin de las sociedades offshore

 
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"¿El fin de las sociedades offshore?, Una historia de fraude y evasión"

José Luis Taveras

La crisis financiera global ha repensado las políticas regulatorias y los sistemas de control de los mercados financieros, así como el comportamiento de los agentes que en ellos participan. Un problema tan viejo como complejo ha sido desarchivado por los gobiernos de las primeras economías del mundo: los paraísos fiscales. Este tema cobra tanta vigencia, en el recesivo contexto que vivimos, que parece irreversible la voluntad de muchos Estados para enfrentarlo seriamente.

Y no es para menos, el más reciente informe sobre la economía global del Banco Mundial, titulado “Perspectivas económicas mundiales 2010: Crisis, finanzas y crecimiento”, señala que la crisis financiera está teniendo importantes efectos acumulados sobre los pobres y que “unos 64 millones de personas más caerán en la extrema pobreza hacia fines de 2010, en comparación con lo que sucedería de no haberse producido la crisis, lo que implicará que los países más pobres, que dependen de donaciones o préstamos subsidiados, pueden llegar a necesitar entre US$35,000 y US$50,000 millones en financiamiento adicional, solo para mantener en funcionamiento los programas sociales iniciados antes de la crisis”; esto, sin considerar que en el 2009 murieron por desnutrición en África entre 30,000 y 50,000 niños más debido a la crisis. El indicado informe estima que el PIB mundial -que disminuyó un 2.2% en 2009- aumentará un 2.7% este año y un 3.2% en 2011. Los volúmenes comerciales mundiales, que cayeron abrumadoramente en un 14.4% en 2009, pueden llegar a expandirse un 4.3% este año y un 6.2% en 2011.

Mientras la economía mundial sufre la peor devastación de todos los tiempos, con una baja de la producción nunca vista desde la segunda guerra mundial y la más fuerte contracción del PIB mundial de los últimos tiempos, el flujo ilegal de capitales a través de paraísos fiscales se estima entre 856 mil millones y 1.6 billones de dólares. El año pasado, Oxman estimaba que de la riqueza de los países en desarrollo, 6.2 billones de dólares estaban en propiedad de entidades de baja fiscalidad (offshore), lo que ha producido pérdidas de ingresos fiscales entre 64,000 y 124,000 millones de dólares. Según un informe de la oficina de cuentas del gobierno norteamericano publicado en enero de este año, 83 de las primeras 100 empresas de los Estados Unidos tenían subsidiarias en paraísos fiscales. Recientemente el Vaticano reveló que los centros offshore, que permiten transacciones de dinero artificiales, “podrían rendir 860,000 millones de dólares anuales correspondientes a 225,000 millones de dólares de impuestos no cobrados al año”. Por su parte, la Unión Europea denuncia que la evasión fiscal y la fuga ilegal de capitales en los países en desarrollo conlleva una pérdida anual de ingresos fiscales equivalente al importe de la ayuda al desarrollo inyectada por los países desarrollados multiplicado por 10.

Pero, ¿qué relación tienen los paraísos fiscales con las sociedades offshore? Vayamos al grano. Los paraísos fiscales son territorios o jurisdicciones que, como forma de atraer inversión de capital, establecen un modelo fiscal privilegiadode baja o nula tributación- a personas físicas y jurídicas no residentes o extranjeras, soportado por una estructura regulatoria que protege la opacidad o ausencia de información fiscal, bancaria y, en algunos casos, corporativa. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que es una entidad de cooperación internacional compuesta por 33 Estados cuyo objetivo es la coordinación de políticas económicas y sociales, el primer parámetro para calificar una jurisdicción como paraíso fiscal es la falta de impuestos o los impuestos...

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