Hacia la madurez del Mercado de Valores

 
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Hacia la madurez del Mercado de Valores

Omar E. Victoria Contreras

o.victoria@jorgeprats.com

Ha llegado el momento de, con la experiencia vivida, potenciar la regulación del Mercado de Valores dominicano y encaminarlo hacia su madurez y, con ello, a la incidencia económica y social que exige la sociedad del siglo XXI.

El 8 de mayo del año 2000 fue promulgada la Ley No. 19-00, Ley del Mercado de Valores. A partir de ese momento, principalmente relevante por la entrada en vigencia de la primera regulación nacional propiamente de valores de oferta pública, el mercado de valores dominicano inició su segunda etapa. Cerca de nueve años después, este mercado se encuentra en el punto decisivo para comenzar su tercera etapa: levantar el vuelo definitivo y empezar el ascenso hacia el desarrollo, vitalidad y relevancia que el mismo debe tener en un sistema económico del siglo XXI. El presente artículo, luego de un breve recorrido por la historia de este mercado y su regulación, analiza los aspectos que deberán matizar esa tercera etapa, la de maduración.

Primera etapa: surgimiento en el marco de la oferta privada de valores. A pesar que el origen de los modernos mercados de capitales se remonta a la formación y reglamentación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales –Verenigde Nederlandsche Geoctroyeerde Oostindische Compagnie- en 1602 , la regulación de los mismos en la forma que se concibe actualmente, en general, data de hace menos un siglo. En República Dominicana, el primer esfuerzo legislativo en la materia se encuentra en la Ley No. 3553, de fecha 15 de mayo de 1953, Ley Orgánica de la Bolsa Nacional de Valores, seguida por la Ley No. 550, de fecha 23 de diciembre de 1964, Ley sobre Compañías y Entidades que ofrezcan acciones, obligaciones o títulos para su venta al público.

Estas legislaciones, aunque importantes desde el punto de vista del estudio regulatorio del sistema, no incidieron de manera relevante en su evolución, esencialmente producto de la no definición de un preciso sistema de oferta pública de valores y de la falta de reglamentación de las normas marco . Este estancamiento fomentó que fuese el sector privado nacional el impulsor de la definitiva institucionalización y regulación de dicho mercado. Luego de aproximadamente una década de gestiones, el 25 de noviembre de 1988, el Poder Ejecutivo dictó el Decreto No. 544-88, el cual creó la Bolsa de Valores de Santo Domingo Inc., la que en 1997 se convirtió en la Bolsa de Valores de la República Dominicana.

Estas iniciativas sí lograron un inicio de operaciones y la creación de las bases económicas, institucionales y regulatorias para su definitiva instauración. Desde el punto de vista de las operaciones, los volúmenes históricos negociados desde diciembre de 1991 a octubre de 2003 ascendieron a RD$22,887,712.50 del sector público y a RD$78,991,712,782.57 del sector privado, para un total de RD$79,014,600,495.07.

Este ambiente sentó las bases suficientes para la adopción en el año 2000 de la primera regulación del mercado de valores, receptora de las principales características de este tipo de mercado a finales del siglo XX.

Segunda etapa: evolución hacia la regulación de un verdadero mercado de oferta pública de valores. Con la promulgación de la Ley No. 19-00, fue cerrado un ciclo regulatorio que sirvió de zapata inicial a un auténtico mercado bursátil. A partir de esta norma adjetiva, el mercado fue insuflado de dos aspectos relevantes para el desarrollo del mismo: i) un marco regulatorio bajo los parámetros y objetivos de un verdadero mercado de oferta pública de valores en consonancia con la evolución del resto de los submercados del mercado financiero; y, ii) la concepción, creación y desarrollo definitivo de las instituciones –reguladoras y participantes- esenciales para el desarrollo del mismo.

Esta norma fue complementada con la adopción de su Reglamento de Aplicación, mediante el Decreto No. 201-02, de fecha 19 de marzo de 2002, posteriormente derogado y sustituido completamente por el contenido en el Decreto. No. 729-04, de fecha 7 de agosto de 2004. De igual manera, el marco normativo se complementa con la vasta regulación emanada de las disposiciones reglamentarias adoptadas por el Consejo Nacional de Valores y aplicadas por la Superintendencia de Valores en los últimos años, sobre cuyas bases el mercado ha podido obtener los rasgos esenciales para el inicio de la etapa de maduración. A diciembre de 2007, el mercado había negociado valores de emisores públicos y privados por un total de RD$97,273,486,770.75.

Tercera etapa: hacia la madurez del sistema. Todos los mercados de valores en algún momento han agotado etapas previas de desarrollo como las experimentadas por el nuestro. Una vez instauradas las bases esenciales, éstos dan el paso siguiente hacia la madurez. Esta madurez se caracteriza por introducir al mercado de valores de manera definitiva en el diario vivir del sistema económico, convirtiéndose en un sistema habitualmente utilizado por los diversos agentes económicos y, sobre todo, una fuente esencial de inversión y de obtención de financiación, de capitales o de productos.

El decálogo de la maduración. A continuación se analizará el decálogo de recomendaciones y aspectos que consideramos deben matizar la etapa de maduración del mercado de valores nacional. Este decálogo se desarrolla tomando en consideración tanto la experiencia interna que durante las etapas previas ha vivido el mercado de valores, así como las tendencias y resultados de la evolución de los mercados internacionales. De igual manera, se toma en todo momento en consideración las causas y consecuencias de la actual situación de los sistemas financieros alrededor del planeta y, en especial, las nuevas tendencias derivadas de esta crisis.

Recomendaciones

  1. Revisión integral del marco normativo.

  2. Fortalecimiento institucional y regulación única.

  3. Fomento de la inversión en nuevas empresas y en las pequeñas y medianas empresas.

  4. Fomento de la inversión de los fondos de pensiones.

  5. Protección al inversor.

  6. Gobierno corporativo.

  7. Inversión colectiva.

  8. Titularización.

  9. Régimen fiscal y transparencia.

  10. Educación financiera.

    Mercados y riesgos globales. A modo de introducción cabe resaltar que en estos momentos de crisis global en el sector financiero podría resultar chocante hacer todo un decálogo de recomendaciones para un profundo desarrollo del mercado de valores. Nuestro criterio es totalmente diferente. Lo vivido en 2008 ha sido una buena muestra de lo que se debe hacer o no hacer y, por tanto, una excelente oportunidad para que, al momento en que retorne el crecimiento económico a finales de 2009 o principios de 2010, nuestro mercado haya corregido cualquier distorsión y se encuentre en condiciones de aprovechar la nueva ola de crecimiento.

    Evidentemente, si existe un rasgo esencial que marca y debe tomar en cuenta esta etapa de nuestro mercado de valores es la interacción en un sistema financiero globalizado y, por tanto, mucho más riesgoso. Sin embargo, a su vez, si algo ha probado la aún persistente crisis de los mercados financieros, es la importancia que la regulación interna posee para mantener la estabilidad de los mismos. Aquellos mercados excesivamente expuestos a los riesgos globales y basados en regulaciones exageradamente liberales han sido los que han recibido el duro golpe de la crisis, hasta el punto de, como anunció en su momento el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos de Norteamérica, Henry Paulson, iniciar profundos procesos de revisión interna de su regulación financiera. Sin embargo, aquellos sistemas que, sin dejar a un lado los principios del libre mercado, han protegido la salud interna de su sistema...

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