Superstición, brujería en la justicia

 
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"Superstición, brujería en la justicia"

Autor: Pascal Peña

Cuando en octubre del año 1953 me traslado desde Baní a esta capital, con la finalidad de inscribirme en la Facultad de Derecho, cargo una alforja repleta de sueños.

Un sueño era penetrar en el estudio de la antropología cultural, para escudriñar las áreas del folklore. Las ideas que gi ran alrededor de la vida y la muerte, eran objeto de interés, a las cuales prestaba mucha atención durante mis andanzas por los espacios rurales de Peravia.

En algunas ocasiones, recuerdo a mi madre arrojar a la calle un cubo de agua después de pasar el féretro del difunto en procesión hacia el cementerio municipal. La creencia explica que cuando las personas que cargan el ataúd detienen la marcha para descansar, frente a una vivienda, existe el riesgo de un grave peligro para los residentes y el agua arrojada "limpia" la entrada de cualquier maleficio.

El ejercicio de la profesión de abogado, me ha permitido hacer una concentración en la criminología y la inserción en las instituciones en-cargadas de investigar las infracciones. Esta asignatura fue objeto de interés durante la dictadura trujillista, en el año 1940, cuando el exiliado profesor español Constancio Bernaldo de Quirós, dictó una serie de charlas en la Universidad de Santo Domingo, en un cursillo impartido sobre criminología y derecho penal.

Una de las charlas trató el folklore de la criminalidad, donde señala que este campo del saber popular es tan amplio que "se extiende por doquier como una hiedra extraordinariamente lasciva". Re-coge la leyenda del hacha del verdugo que de tanto cortar cabezas se empapa de sangre, se emborracha, y cuando esto ocurre el verdugo se ve obligado a enterrarla en el bosque por precaución, para evitar que el instrumento cortante, por venganza, actúe en su contra. Su origen es alemán.

En nuestro país ha investigado el tema el abogado Manuel Ramón Cruz Díaz en su obra "Supersticiones Criminológicas y Médicas", publicada en el año 1%5. Entre las numerosas creencias, explica la conocida superstición que tienen los delincuentes de alejarse del cadáver porque éste delata al asesino.

Cuenta lo ocurrido en el año 1938, en la sección de Cenoví, cuan-do las autoridades encuentran el cadáver de una persona. En el lugar de la tragedia, el Fiscal ordenó al Alcalde Pedáneo detener a varias personas sospechosas, las cuales fueron interrogadas por eI Juez de Instrucción y niegan su participación en el hecho. El Fiscal...

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