Un fracaso llamado Republica Dominicana quien responde

 
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"Un fracaso llamado República Dominicana: ¿quién responde?"

José Luis Taveras

Si el futuro se construye sobre las bases del presente, veamos entonces quiénes somos hoy.

Ocupamos el lugar número 101 en percepción de la corrupción de 178 países medidos en el mundo, según el informe de la organización Transparencia Internacional correspondiente al 2010. De 149 naciones del mundo somos la 96 en el Índice Mundial para la Paz 2010, que mide el nivel de seguridad y violencia. La pobreza dominicana solo es superada por las de Guatemala, Bolivia, Nicaragua, Honduras y Haití en América. Ocupamos el puesto número 101 en índice de competitividad en el mundo y 15 en América Latina, según el Informe 2009-2010 del Global Competitiveness Index publicado anualmente por el Foro Económico Mundial y que cubre a 133 naciones. De acuerdo al Informe 2010 de la Organización Mundial de la Salud, la República Dominicana ocupa la posición 30 de 34 países en la tasa de mortalidad de niños menores de 5 años de todo el continente americano; según el mismo informe, mientras países desarrollados invierten entre un 10 y hasta un 15% -como Estados Unidos- de su Producto Interno Bruto (PIB) en gastos de salud, la República Dominicana solo destina entre un 5 y un 6%. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) indica que la República Dominicana constituye el centro más importante de origen americano en la trata de blancas para la industria mundial de la prostitución. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), por su parte, nos sitúa como el país donde las tasas de escolarización han experimentado mayor descenso desde el año 2000 y en su reciente informe sobre la Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) revela que la República Dominicana, junto a Guatemala, Nicaragua, Panamá, Ecuador y Paraguay, se encuentra evaluada en todas las materias por debajo de la media regional, entre 400 y 500 puntos. Mientras la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL) situaba en el 2005, en 47.5 el nivel de pobreza y 24.6 el de indigencia de la República Dominicana, solo superados por Bolivia, Honduras, Nicaragua y Paraguay en América Latina. De acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud, la República Dominicana reporta un consumo per cápita de alcohol de 7.5 litros puro, uno de los más altos de América, que como continente consume un 40% más que el promedio mundial, que es de 5.8 litros.

Las estadísticas descubren nuestra realidad: somos un país corrupto, inseguro, no competitivo, insalubre, prostituido, mal educado, pobre y, para colmo, borrachón. Estas cifras han tenido escasas variaciones históricas. Nos confirman fríamente que hemos fracasado en crear las bases de un desarrollo sostenido, armónico e incluyente.

Oportunidades excepcionales para revertir este estático panorama han sobrado, pero nos falta visión y compromiso de nación. La progresión de este estatus nos colocará irremisiblemente en el umbral de una nación fallida. Los cambios, cuando no se dirigen, se producen. Y si esto último acontece, se generarán, por gravedad dialéctica, rupturas sociales catastróficas. En muchos dominicanos late la sensación de que solo de esa manera podría despertar la conciencia social de un letargo casi narcótico de conformidad. Eso es extremadamente peligroso, porque abriría brecha a cualquier aventura populista.

Cinco décadas cosiendo a retazos una democracia más de apariencias que real. Un esfuerzo con muchas cortapisas y pobre impacto humano. Cada una subvertida por situaciones adversas. Así, en los setenta, mientras la economía emergía con una gran fuerza exportadora de rubros agrícolas y materia prima, un clima político autocrático y de confrontación represiva impedía la mínima concertación social que facilitara el desarrollo. La década de los ochenta fue sacudida por una crisis financiera que sometió a la economía a severos ajustes por parte del Fondo Monetario Internacional. La década de los noventa recibió como legado la gran recesión económica de los dos lustros anteriores, durante la cual el PIB se contrajo un 5% y la inflación alcanzó un 100%, al tiempo de aportar una crisis electoral muy aguda. El nuevo siglo nos confrontó con la crisis financiera más grande de la historia, producto de un fraude inconmensurable que llevó a la quiebra a tres importantes entidades bancarias y que según el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, solo por el caso BANINTER aumentó en un 50% el número de pobres en el país, registrando así un millón y medio de indigentes, de los cuales 670,000 alcanzaron un nivel de pobreza extrema. Es decir que entre un 12 a un 15% de la población pasó de ser pobre a muy pobre o indigente. Lo grave de todo esto es que el bipartidismo...

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