Palabras de Presentación, Mag. Justo Pedro Castellanos Khoury
| Páginas | 13-19 |
| Autor | Milton Ray Guevara |
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PALABRAS DE PRESENTACIÓN
Por Mag. Justo Pedro Castellanos Khoury
Juez del Tribunal Constitucional de la República Dominicana
En mi calidad de coordinador de la comisión organizadora del Mes
de la Constitución, me honra discurrir en estas páginas del volumen II
de la colección DISCURSOS DEL PRESIDENTE DEL TRIBUNAL
CONSTITUCIONAL, que ahora circula entre nosotros.
Esta colección vio la luz en noviembre de 2015, en el marco del programa
Mes de la Constitución, que coordino, con que el Tribunal Constitucional
conmemoró un aniversario más –entonces, el 171– de la proclamación de
nuestra Carta Magna, aquel luminoso 6 de noviembre de 1844.
Su volumen I lleva por título –acierto de su editor, Adriano Miguel Tejada–
¡Vivir en Constitución!, y alberga entre sus páginas 38 trabajos –discursos,
ponencias y otras pocas exposiciones de menor calado– formulados por el
presidente del Tribunal Constitucional, magistrado Milton Ray Guevara,
durante los primeros tres años de existencia –2012 a 2014– de la alta corte
que él, digna y atinadamente, encabeza.
Este volumen II lo hace tres años después, también en el marco del Mes de
la Constitución con el que conmemoramos el aniversario –ahora, el 174– de la
proclamación de nuestro texto supremo. Inicia su andadura en 2015 –es decir,
desde el punto donde el primero se detuvo–, comprende un período similar
al anterior –si bien este supera a aquel en cinco meses– y contiene 28 trabajos
más, pues alcanza un total de 66, todos bajo el título Generació n constitucional.
Si se aprecia bien, hablamos de más de un trabajo por cada uno de los
41 meses que comprende el período escogido por su autor, lo que es mucho;
DR. MILTON RAY GUEVARA
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más, si se toma en cuenta la multiplicidad de otros asuntos –administrativos,
jurisdiccionales, protocolares, sociales– que su autor atiende cotidianamente.
Pero esto, en realidad, es un dato, casi un divertimento, que de ninguna
manera explica la relevancia de este libro.
La bondad fundamental de esta obra se encuentra, como usualmente,
en su calidad. Y no solo, por cierto, en la que de forma natural le otorga la
estatura de su autor –personalidad destacadísima de nuestro mundo social,
cultural, jurídico y político, por demás, presidente de la más alta corte del
país–, ni en la calidad escritural, que la tiene como acostumbradamente,
sino, sobre todo, en la calidad del mensaje que nutre y atraviesa los trabajos
que conforman este volumen: una calidad extraordinaria, que atañe a un
mensaje imprescindible de renovación social, político y cultural, con una
destinataria única e insustituible, su amadísima República Dominicana.
En la presentación del primer volumen destaqué dos aspectos que, además
de cardinales, me parecían, por lo inusuales y trascendentes, característicos
de su autor: por una parte, que no se trata de “un simple burócrata o (…)
un frío tecnócrata”1, de esos que cumplen buena y eficientemente sus
responsabilidades burocráticas, técnicas y protocolares, sino de alguien
que, con singular capacidad, cumple sobradamente con lo anterior, y no
conforme con ello, va mucho más lejos, hasta lograr un quehacer más
abarcador y holístico; y, por otra parte, su arraigada convicción de que “es
necesario y posible vivir en Constitución, colocar a la Constitución en el
centro de nuestras vidas, y [de] que ahí se encuentra, en gran medida, la
clave de nuestro mejor futuro”2.
Relacionado con todo eso, en esta ocasión quiero destacar otros dos
aspectos de su labor que, además de esenciales y como los dos anteriores, me
parecen infrecuentes y, pues, distintivos.
Un primer aspecto es su convicción de que en nuestro país es necesario
y posible un cambio cultural, que nos jalonará a un estadio superior de
desarrollo –material, social, institucional, político–. De tal forma que ya no
1 CASTELLANOS KHOURY, Justo Pedro. Palabras de presentación. En: Ray Guevara, Milton. ¡Vivir en
Constitución!, Tribunal Constitucional de la República Dominicana, colección Discursos del presidente del
Tribunal Constitucional, volumen I, primera edición, Editora Búho, noviembre de 2015, p. 12.
2 CASTELLANOS KHOURY, Justo Pedro, op. cit., p. 13.
Discursos del Presidente del Tribunal Constitucional, Volumen 2
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se trata solamente de “vivir en Constitución”, como afinaba en el primer
volumen, sino que, más aun y sin que se pueda discernir dónde termina la
primera propuesta y dónde inicia la nueva, es necesario y posible un cambio
cultural, en el entendido de que “la cultura es un producto social”3 y de que
ella comprende, con Rodrigo Borja, variados elementos como “las creencias,
el arte, la moral, la ciencia, la tecnología, la tradición, el lenguaje, la religión,
el derecho, los símbolos, las costumbres, las relaciones familiares, [y] las
vinculaciones entre individuo y la sociedad”4, entre otros.
El presidente del Tribunal Constitucional es consciente de que entre
los dominicanos “falta una cultura constitucional”5, consecuencia natural
que es “de una cultura autoritaria, generada por dictaduras, gobiernos
de fuerza o irrespetuosos de la Constitución”6; diagnóstico al que se ha
referido repetidamente, pero que en algunos de los textos que conforman
este volumen –por ejemplo, su discurso para recibir el reconocimiento
como Profesor Honorario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo
(UASD)– se explaya de forma particularmente notable. Más todavía, anda
convencido de que esa ausencia debe ser solventada con el desarrollo de una
cultura constitucional, instalada no solo en los profesionales del derecho –
que, en efecto, son actores fundamentales en este sentido– sino, sobre todo,
en cada uno de los ciudadanos dominicanos. Se trata, pues, como se ha de
apreciar con facilidad, de una conciencia constitucional y ciudadana, de
una conciencia democrática, en el entendido de que, como dice su amigo,
Manuel Aragón Reyes, catedrático y antiguo magistrado del Tribunal
Constitucional de España, a quien cita en su discurso en la UASD,
[e]l constitucionalismo requiere (…) de una cultura constitucional y obliga
a su perpetuación, pues la Constitución democrática descansa, más que
ninguna otra, no solo en las garantías políticas y jurídicas, sino, sobre todo,
en las garantías sociales, esto es, la aceptación popular de la Constitución.
3 RAY GUEVARA, Milton. Colección Discursos del presidente del Tribunal Constitucional, volumen II
Generación constitucional, Tribunal Constitucional de la República Dominicana, primera edición, Editora
Búho, noviembre de 2018, p. 289.
4 BORJA, Rodrigo. Enciclopedia de la Política, Fondo de Cultura Económica, México, 1997, p. 195. En:
Ray Guevara, Milton, op. cit., p. 289.
5 RAY GUEVARA, Milton, op. cit., p. 288.
6 RAY GUEVARA, Milton, op. cit., pp. 288- 289.
DR. MILTON RAY GUEVARA
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Sin garantías jurídicas (de ahí su carácter inexorable) no hay Constitución
duradera, pero sin garantías políticas y sociales no hay Constitución que se
mantenga. La educación constitucional, o si se quiere la cultura política
democrática, se presenta, pues, como la condición necesaria para la consoli-
dación del constitucionalismo7.
En efecto, el titular y líder de este colegiado, aguerrido como es, subyuga
la pasividad y el lamento –tan atractivos para pesimistas y fracasados–,
se impone sobre el temor y la dificultad y actúa decididamente para
lograr lo que identifica como el objetivo central de esa nueva cultura: la
formación de una nueva generación de ciudadanos dominicanos que, por
su nueva cercanía y sensibilidad hacia los contenidos constitucionales, él
denomina “generación constitucional”. En sus palabras en la puesta en
circulación del Anuario del Tribunal Constitucional 2017, contenidas en
este volumen, apuntó que el futuro tras el cual andamos está signado por
“la consolidación de una cultura constitucional que propicie la formación
de nuevas generaciones de personas identificadas con los contenidos
constitucionales”8, lo que se traducirá –y ahí reside gran parte de su
trascendencia– en una mejor calidad de vida. Por eso, a lo citado hace
poco, agregó: “Estoy particularmente convencido que el conocimiento de
la Constitución servirá para lograr ‘el engrandecimiento material y moral’
del pueblo dominicano”9.
En la ocasión, dijo más: reiteró “que la aspiración (…) es lograr que por
medio de nuestras decisiones (más de 3,020 y todavía nos queda mucho
por hacer) y de nuestros esfuerzos pedagógicos, cada dominicano sienta el
influjo bienhechor de nuestro texto constitucional”10, todo para lograr lo
que antes, en su discurso en la UASD, había calificado como “una hermosa
realidad”11, y que no es otra que el surgimiento de nuevas generaciones
constitucionales, formadas por “jóvenes que conozcan, amen y lleven la
7 ARAGÓN REYES, Manuel. Neoconstitucionalismo y Garantismo, España, p. 10. En: Ray Guevara,
Milton, op. cit., pp. 289- 290.
8 RAY GUEVARA, Milton, op. cit., p. 626.
9 RAY GUEVARA, Milton, op. cit., p. 627.
10 Ibíd.
11 RAY GUEVARA, Milton, op. cit., p. 292.
Discursos del Presidente del Tribunal Constitucional, Volumen 2
!GENERACIÓN CONSTITUCIONAL!
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Constitución en su corazón”12… lo que coronó con esta aseveración: “El
futuro de nuestra juventud descansará, entonces, sobre un patrimonio
cultural sustentado en la supremacía de la Constitución. El pueblo
dominicano al vivir en Constitución construirá, a paso firme, una sociedad
más justa y más humana”13.
La generación constitucional es, pues, el fin, la meta.
La generación constitucional es, además, su esperanza14.
Un segundo aspecto que –también por lo característico que resulta-
alumbro en esta ocasión, es su claro, evidente y decidido designio de hacer
realidad lo anterior. No lo dice taxativamente, pero queda claro que lo
suyo no es la teorización huera, el diletantismo vacuo, sino la realización,
la concreción de aquello por lo que propugna: un cambio sustancial en la
sociedad dominicana. Un cambio que, como hemos señalado, es cultural,
por su naturaleza, pero que por su significado, es eminentemente político;
siempre bajo el convencimiento de que el cambio cultural –es decir, el
asentamiento del cambio en la conciencia de las personas– es el más complejo
y difícil, pero es el que garantiza la permanencia de dicha renovación.
Así, pues, sin reducir la solemnidad de su investidura, sin extraviar el
norte ni la esencialidad de su rol, sino todo lo contrario, el presidente del
Tribunal Constitucional dominicano es, afortunadamente, un activista
que promueve un cambio sustancial –cultural y político– en la sociedad
dominicana; faceta que, por si todo lo anterior fuera poca bondad, ha
asumido con la mayor intensidad y determinación, lo que explica que,
como puede apreciar cualquiera medianamente informado y atento a la vida
nacional, en cada lance suyo –por demás, cotidiano, reiterativo y febril–
vaya toda su potencia, vaya todo su arsenal, vaya todo su acervo, vaya toda
su vitalidad, vaya toda su vida.
Estos dos aspectos que resaltamos en la presentación de este segundo
volumen –la calidad de su mensaje, particularmente en cuanto a la promoción
de un cambio cultural, y el designio para concretarlo, en especial su resuelto
activismo para llevarlo a cabo– giran en torno a la Constitución. Todo ello
12 Ibíd.
13 Ibíd.
14 Ibíd.
DR. MILTON RAY GUEVARA
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es por la Constitución, con la Constitución, desde la Constitución, para la
Constitución. La Constitución es, pues, atalaya. Pero es, también, táctica y
estrategia. Es, asimismo, arsenal –en ella están las armas y las municiones– y
es campo de batalla. Ella es, en suma, hoja de ruta y es, también, la playa en
la que, al cabo del viaje –o del viraje, que también es un término apropiado–
cultural y político que nos propone, desembarcaremos.
Por demás, esos dos aspectos, lejos de contradecir el rol que le ha asignado
el Consejo Nacional de la Magistratura –como acaso pudiera parecer a algún
espíritu timorato y conservador–, vienen a fortalecerlo, a engrandecerlo, a
completar la integralidad que la Constitución y la ley le han definido, a llenar
buenamente todo el espacio posible y que, sin embargo, no todos lo hacen, no
siempre se hace.
Todo eso no es poco.
Todo eso es, en realidad, una fortuna.
En fin, que los trabajos que el lector encontrará en las páginas que conforman
este volumen caminan imbuidos –empapados, sería mejor decir– por ese
designio; andan chorreando propósitos de cambio y de progreso, son expresión
y testimonio de dos aspectos fundamentales del ejercicio peculiarmente
trascendente que su autor hace de la altísima investidura que se le ha conferido,
a saber: la del teórico que define el perfil del cambio necesario y posible y, más
y mejor aún, la del activista que anda promoviendo y concretando –de forma
inteligente, novedosa, persuasiva e incansable– dicho cambio, ese que es, como
ya he dicho, cultural y político, y que es, en suma, la realización del Estado
social y democrático de derecho que instaura la Constitución entre nosotros.
Gustavo Zagrebelsky, el eximio jurista italiano, catedrático de Derecho
Constitucional y presidente que fuera del Tribunal Constitucional de su país,
termina su libro, PRINCIPIOS Y VOTOS. El Tribunal Constitucional y la
política, con unas preguntas hermosas, entrañables, por demás, fundamentales.
Se cuestiona:
¿Podemos estar seguros de que, en estos cincuenta años de actividad, el
Tribunal Constitucional de nuestro país ha estado a la altura de su deber,
un deber de naturaleza, antes que técnico-jurídica, histórico-cultural? ¿Ha
contribuido a la formación de una conciencia constitucional nacional, a la
formación de un «partido de la Constitución» más allá de los partidos or-
Discursos del Presidente del Tribunal Constitucional, Volumen 2
!GENERACIÓN CONSTITUCIONAL!
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dinarios, al que podamos recurrir con seguridad y confianza en los momen-
tos difíciles? ¿Cuántos de sus pronunciamientos, cuántos de sus conceptos,
cuántas de sus máximas, cuántas de sus aplicaciones de la Constitución han
pasado a formar parte del patrimonio espiritual de nuestro país, han entra-
do en la circulación del flujo de energía vital de nuestra República? Pecaré
quizá de pesimismo, pero temo que no muchos. Y, sin embargo, ¿no es éste,
precisamente, el metro con el que habría que medir, en última y más pro-
funda instancia, la vitalidad de la Constitución y la eficacia de su garantía
por parte de quienes tienen como específica y principal tarea su custodia?15
Superpuestas esas preguntas sobre la realidad nacional, convengo en que
el presidente del Tribunal Constitucional dominicano, ideólogo y líder del
proceso de gestación de una generación constitucional entre nosotros, al
cabo de sus años de servicio en este colegiado podrá responderlas de forma
sustancialmente diferente.
Estos esfuerzos de hoy, de los que dan cuenta y testimonio los trabajos
que ahora ponemos en circulación, tributarán indefectiblemente a la
gestación de una nueva cultura constitucional, ciudadana, democrática y,
asimismo, a la germinación de una generación constitucional, que es, si
nos fijamos bien, a todo aquello de lo que hablaba el maestro italiano: “a la
formación de una conciencia constitucional nacional, a la formación de un
‘partido de la Constitución”, así como a nutrir con la savia de las acciones
de hoy el “patrimonio espiritual de nuestro país” y el “flujo de energía vital
de nuestra República”.
Confiado y entusiasmado, les invito a confirmar lo antedicho y a disfrutar
nueva vez de la prosa inteligente y estimulante del insigne presidente del
Tribunal Constitucional dominicano.
Magistrado Justo Pedro Castellanos Khoury
Santo Domingo, República Dominicana,
Octubre de 2018.
15 Zagrebelsky, Gustavo. Principios y votos. El Tribunal Constitucional y la política. Mínima Trotta, Madrid,
España, 2008, p. 109.
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