Pedro Romero Confesor

 
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"Pedro Romero Confesor"

Fabio J. Guzmán Saladín & Ruth Ruiz

Con casi 80 años de edad y 52 dedicados al ejercicio del Derecho, Pedro Romero Confesor aún se mantiene enamorado de la profesión que eligió por un sentimiento vocacional y bajo la influencia de un pariente cercano, su tío y padre de crianza Pablo Confesor.

En conversación con Gaceta Judicial rememora los años en que se inició como jurista, su paso por la política de mano de quien fuera su admirado maestro en la universidad, el doctor Joaquín Balaguer, y su ingreso a la Suprema Corte de Justicia.

Confiesa que hubiese querido que todos sus seis hijos adoptaran su inclinación por la carrera judicial, pero solo una se encuentra en la fase final de sus estudios de derecho. Recuerda –entre optimista y divertido por la ocurrencia- que el más pequeño de sus vástagos, ahora de 16 años, cuando estaba pequeño y le preguntaban qué quería ser cuando fuera grande, solía responder: “Juez de la Suprema Corte de Justicia”.

Esta es la segunda entrega de la serie de entrevistas a abogados de extensa y destacada trayectoria en el quehacer jurídico dominicano, cuya primera versión se publicó en el número 282 de Gaceta Judicial con Artagnan Pérez Méndez.

  1. ¿Por qué elige el Derecho como profesión?

  2. Esa fue mi vocación. Quizás a ello contribuyó el hecho de que el líder de mi familia era el doctor Pablo Confesor, un abogado muy prestigioso del pueblo de Bonao.

  3. ¿Fue su meta llegar al integrar el tribunal más alto del país?

  4. Claro que sí. La aspiración de todo abogado es culminar su carrera en la Suprema Corte de Justicia. Y yo soy abogado por vocación.

  5. ¿Cuáles aprecia como las diferencias más marcadas entre el ejercicio de la profesión de abogado en los años que usted comenzó y como se ejerce en la actualidad?

  6. Comencé a ejercer la profesión en plena era de Trujillo, así que la diferencia es notoria. No se puede esperar que en un régimen dictatorial se ejerciera la profesión de la misma forma que durante un régimen democrático.

    Para mi fue un ejercicio intenso porque en esa época en mi municipio, que luego pasó a ser provincia, lo que había era un Juzgado de Paz. Yo tenía que viajar los cinco días laborables de la semana a la provincia de La Vega, que era donde estaban el Tribunal de Primera Instancia y la Corte de Apelación. Después, con los años, fue que logramos que en Bonao por fin se creara un distrito judicial. Ahora la cosa es más liviana. La historia habla de todo lo que ha significado para...

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