Los principios filosóficos de la ley penal

 
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"Los principios filosóficos de la ley penal"

Héctor Dotel Matos

RESUMEN:

Se describen las diferentes etapas por las que ha pasado la represión a través de la historia y su estado actual.

PALABRAS CLAVES:

Patíbulo, hacha, horca, derecho penal, código penal, leyes penales, Atenas, Roma, venganza, crímenes odiosos, Cicerón, Rossi, oprobio, justicia penal, instintos feroces, herejía y hechicería, orden social, vicio y crimen, Edad Media, conciencia de la humanidad, filosofía del derecho penal, historia del derecho.

El objetivo que aquí se propone no es el mismo que el de los académicos-jurisconsultos que comentaron o explicaron el Código Penal, tocaremos la ley penal escrita para someterla al control de esa ley eterna de la que Cicerón habla, de esa ley que es la misma en Atenas como en Roma, cuyo texto no se encuentra en ninguna parte, sino en la razón divina y en la conciencia de la humanidad.

Tampoco tenemos ninguna intención de recoger y comparar entre ellas las leyes penales que han existido en los diferentes pueblos de la tierra; porque esa obra de erudición y paciencia, si no es destinada a hacer sensibles los triunfos del derecho sobre la fuerza, de la razón sobre la pasión, de la justicia sobre la venganza y los instintos feroces de la bestia, de la civilización sobre la barbarie, no puede ofrecer a los ojos sino un tejido de horrores, de crueldades, de violencias, de crímenes más odiosos que aquellos que se quería castigar, y que, haciendo el oprobio de la humanidad, debieron ser borrados de su memoria con tanto cuidado que se pone a producirlos hoy.

No puede ser cuestión finalmente de sustituir a las legislaciones positivas actualmente en vigor con un código ideal; todas las sentencias y todos los delitos debían encontrar su lugar en un orden más o menos estricto.

Se trata de encontrar los principios sobre los cuales descansa o sobre los cuales debería descansar la justicia criminal y las reglas que ella está obligada a seguir en el cumplimiento de su dolorosa misión. Se trata de reunir los elementos de lo que se podría llamar la filosofía del derecho penal.

Esta rama de la filosofía no interesa solamente al publicista y el filósofo, llevados, por la pendiente de su espíritu y el objeto propio de sus meditaciones, a buscar en la consciencia del hombre y en la naturaleza de las cosas los fundamentos invariables de las instituciones y de las leyes; ella no interesa solamente al jurisconsulto, porque la ley, cuando él ignora la razón, es decir, el espíritu, no puede ser sino letra muerta, mientras que él mismo, hasta el nivel de un instrumento sin conciencia o un sofista y sin convicción, está listo para servir también todas las causas.

Ella interesa, se puede decir, todos los espíritus cultivados; porque no existe en ninguna parte de los conocimientos humanos donde sean comprometidos de una manera más directa los derechos del individuo, la conservación, la paz, la dignidad de la sociedad y la moral misma, o al menos la conciencia pública, sin la cual la moral no es en este mundo sino una exiliada y una extranjera, que nadie escucha, que nadie comprende.

Imagínese, de hecho, una legislación penal sin principios, que no se propone, como ha sucedido a menudo, que el triunfo o la dominación de una secta, de un partido, de una forma de gobierno, de una clase más o menos numerosa de la sociedad, a la exclusión de todas las otras, ¿qué acontecerá entonces con las formas protectoras de la justicia, la integridad y la independencia de los jueces, la seguridad de los acusados, los derechos de la defensa? La fortuna, la libertad, el honor, la vida de los particulares, todo será sacrificado con el propósito que se persigue, porque ese propósito, en lugar de ser general, en vez de ser el de la sociedad misma y de la sociedad toda, no será más que la satisfacción de un interés egoísta, de un prejuicio intolerante o de un orgullo intratable.

Así, en vez de ciudadanos, no hay más que esclavos; la...

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