¿Por qué somos tan corruptos? (2 de 3)

 
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"¿Por qué somos tan corruptos? (2 de 3)"

Ernesto J. Armenteros

EL BANDOLERISMO. EL SURGIMIENTO DEL CAUDILLISMO. LA OCUPACIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS:

Al iniciarse el siglo XIX, la sociedad dominicana era una versión tropical del feudalismo imperante en la Edad Media europea. La República Dominicana estaba dominada y gobernada por líderes, más bien caciques, que reclamaban potestad absoluta sobre una región apoyados en la fuerza bruta de ejércitos de desarrapados. Estos caciques se disputaban la hegemonía sobre las áreas que ocupaban y los agricultores, ganaderos, artesanos y comerciantes tenían que rendir tributo y compartir sus ingresos para recibir "protección".

Al igual que en la Edad Media, los caminos eran peligrosos, el trasiego de mercancías se prestaba a robos, los almacenes estaban expuestos a ser saqueados si no compartían sus provisiones con los grupos armados, con los bandoleros. El orden y la aplicación de justicia de un gobierno central eran inexistentes —como lo es, mencionado sea de paso, el caso de Haití actualmente.

La escasa población, rural en un 70 %, vivía en una pobreza de subsistencia, si no, en palabras de Américo Lugo, en la ignorancia, degeneración, la abulia y el robo, a lo que agregó, en su carta a Trujillo en el 1936, cuando le fue encomendado que escribiera la historia de la República Dominicana:

La actual generación dominicana es precisamente, en mi pobre concepto, la más desgraciada de cuantas han hollado con su planta el suelo de la isla sagrada de América.

Débase esto a la Ocupación Americana, que fue escuela de cobardía y envilecimiento, debilidad y corrupción, y cuya acción depresiva y deletérea destruyó la energía del carácter, la seriedad de la palabra, la vergüenza en el obrar, dejando, a la hora de la Desocupación, un pueblo muelle, despreocupado y descreído sobre esta tierra de acción y de fe, que fue almáciga de héroes desde los primeros tiempos del descubrimiento del Nuevo Mundo y que dio a éste, en el siglo XIX, un príncipe de la libertad en Francisco del Rosario Sánchez. Los poderes públicos deben estimular en nuestra juventud el florecimiento de aquellas energías de que dieron alta prueba Meriño frente a Santana, Luperón frente a España, Emiliano Tejera frente a Báez, Luis Tejera frente a la tentativa filibustera de 1905, y, frente al desembarco de los norteamericanos en San Pedro de Macorís, Gregorio Urbano Gilbert.

Es menester buscar al historiador dominicano que más se asemeje a Tucídides, para que evoque en toda su épica belleza el proceso glorioso de esta república nuestra durante la Anexión y riegue con la corriente y declaración de los sucesos antiguos los modernos, a fin de vigorizar la debilitada cepa del presente.

Mi creencia, cada vez más arraigada, de que el pueblo dominicano no constituye nación, me ha vedado en absoluto ser político militante. No he sido, dentro de los términos de mi país, ni siquiera alcalde pedáneo. En estas circunstancias socioeconómicas fuimos invadidos por los Marines de los Estados Unidos en el 1916 hasta el 1924.

La invasión a la República Dominicana no era un caso aislado de la incidencia militar de los Estados Unidos en América Latina. Desde mediados del siglo XIX los norteamericanos invadieron México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Cuba y Puerto Rico...

La cronología de esas invasiones en América Latina nos da una lista detallada desde el 1846 cuando los Estados Unidos le declararon la guerra a México y los obligaron a ceder, como botín de guerra, la mitad de su territorio, incluyendo lo que son hoy los estados de California, Texas, Nuevo México y Arizona. En 1898, los Estados Unidos le a la guerra a España y como consecuencia le obligó a ceder los territorios de Puerto Rico, Guam, Filipinas y Hawái.

Tales atropellos a la soberanía de otras naciones respondían a la doctrina Monroe del 1823, que considera a la América Latina dentro de la "esfera de influencia" de los Estados Unidos. Esta doctrina se implementó, con variantes, por más de un siglo y medio y le ganó a los Estados Unidos, entre los hispanos "revolucionarios y comunistas", el bien ganado epíteto de "imperialistas".

Dejando estas consideraciones marginales atrás y volviendo a la esencia de esta lucubración, hay que reconocer que el origen nuestra corrupción gubernamental endémica radica en las ocupaciones militares de los Estados Unidos a nuestra República, sin dejar de reconocer que la ocupación del 1916-1924 nos trajo una semblanza de orden institucional y muy necesarias obras de infraestructura, "progreso" que hemos pagado muy caro en términos de devastación ecológica y de transformación de la tenencia de tierras para peor.

A los Estados Unidos, aparte de tener a Latinoamérica subyugada, les interesaba, en el caso del Caribe, la explotación azucarera, la explotación de maderas preciosas y puertos para su marina. Esos intereses económicos implicaron la tala de grandes extensiones de terreno para la siembra del azúcar y el...

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