Las intervenciones telefónicas y el derecho a la intimidad

 
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"Las intervenciones telefónicas y el derecho a la intimidad" Alejandro a Moscoso SegarraJuez de la sala penal de la Suprema Corte de Justicia. Los derechos fundamentales no son derechos absolutos, y su protección, más que un deber, representa un medio de afianzamiento sobre la llamada ‘seguridad jurídica de los Estados’. Por su naturaleza, los procesos de intervención e injerencia de las comunicaciones afectan derechos fundamentales como la integridad personal y familiar, y el derecho autónomo al secreto de las comunicaciones, y sirven como medios de prueba que limitan dichos derechos, con el fin de poder revelar un hecho reputado como penalmente ilícito o averiguar la identidad de un presunto delincuente.LA INJERENCIA TELEFÓNICA Y LA INTIMIDAD:Las intervenciones telefónicas pueden ser definidas como un conjunto de medidas instrumentales, inherentes a la fase preliminar de la investigación penal, limitativas tanto del derecho fundamental a la intimidad, como del derecho fundamental autónomo al secreto de las comunicaciones. Suponen el apoderamiento de las conversaciones oídas a través del teléfono por un tercero —ajeno encubierto—, con la finalidad de revelar un hecho reputado como penalmente ilícito o averiguar la identidad de un presunto delincuente. Por la importancia que reviste a este tipo de operaciones (pues se trata de una especie de intromisión en la esfera más preciada del individuo: su privacidad), la intervención telefónica como elemento de medio de prueba debe venir siempre acompañada de un "resguardo jurisdiccional", es decir, por una autorización judicial previa, en observancia a ciertas condiciones muy específicas y especiales, requisitos sin los cuales el investigador actuante (en el caso nuestro, el Ministerio Publico), no podría llevarle a cabo.La Constitución dominicana de 26 de enero de 2010, , en su artículo 44 expresa lo siguiente: "Toda persona tiene derecho a la intimidad. Se garantiza el respeto y la no injerencia en la vida privada, familiar, el domicilio y la correspondencia del individuo". Por colación comparada, en un sinnúmero de convenios y pactos de carácter internacional el resguardo a la intimidad personal y familiar ha sido destacado. Esta intimidad, como derecho fundamental ingénita a la personalidad, puede ser definida, según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), como "aquella zona espiritual íntima y reservada de una persona o grupo, especialmente de una familia". Esta intimidad, dentro de sus exposiciones conceptuales, bien podría ser vista desde puntos diversos: socioeconómicos, culturales o jurídico-políticos ; sin embargo, este ámbito de la llamada esfera privada podría considerarse como relativo, toda vez que:…el mínimo protegible ha de ser fijado por la ley, considerando que, a partir de ese mínimo, existe un amplio campo que sólo los tribunales podrían valorar, atendiendo a los usos sociales y a la situación de las personas afectadas; en que quizá deba observarse, que el mínimo de protección no ha de ser fijado por la ley, sino por la Constitución y sobre todo, mediante la interpretación de la misma hecha por el tribunal constitucional, pudiendo en este sentido la investigación etimológica ofrecer un punto de partida seguro para el estudio y determinación del concepto objetivo del derecho a la intimidad. El derecho fundamental a la intimidad, tal y como lo expone el profesor Muñoz Conde, "[…] se configura como uno de los derechos de la personalidad más sutiles y más difíciles de proteger en el Derecho Penal" ; esto así, debido a que en concepciones jurídicas concretas, el término intimidad es difícil de definir con precisión, pues "padece de una exasperante vagancia y evanescencia", tal y como apunta Miller, al momento de establecer un tipo de diferenciación entre las palabras intimidad y privacidad. El debate entre ambas locuciones dista de ser actual: para muchos doctrinarios, ambas expresiones son consideradas como homólogas, concibiendo a la primera como al conjunto de atributos considerados como más internos y restringidos, concernientes a la psicología misma de la persona humana; mientras que a la privacidad le conceden la definición de ser una especie de orientación de aquella llamada intimidad, restringida por naturaleza y poco compartida, es decir, como la oposición a lo público. Empero, se es de la noción de quienes aún en estos días destacan que el lenguaje es basto, y que ambos conceptos, aunque bien descrito como homólogos, son pares utilizables.La palabra privacidad, atendiendo a consideraciones meramente jurídicas, corresponde al vocablo propio al sistema de la Common Law, y si bien existen ciertas contradicciones históricas en cuanto a sus orígenes, su resguardo como derecho de la personalidad se avista en los Estados Unidos de Norteamérica, cuando dos juristas de Boston, Massachusetts, Samuel Warren y Louis Brandeis, deciden tomar como precepto las consideraciones del juez estatal Thomas Cooly en 1888 al derecho a "ser dejado en paz" —pero desde el punto de vista de la propiedad—, al derecho de las personas a estar "solas", y de gozar de la vida sin interferencia de terceros, dando así inicio a un movimiento proclive al desarrollo y reconocimiento del individuo y su esfera privada, a partir del contenido ideal del artículo de su autoría escrito para el Harvard Law Review: "The Right to Privacy", en 1890. Por todo, y en aspectos congruentes, el derecho a la intimidad o privacidad "consiste, esencialmente, en la facultad de excluir del conocimiento ajeno cualesquiera hechos comprendidos dentro del ya mencionado ámbito propio y reservado" , alcanzando con ello aspectos como la nombrada intimidad corporal y familiar, la inviolabilidad de domicilio y las comunicaciones personales entabladas por cualquier medio entre los ciudadanos, en que solo razones constitucionalmente justificadas podrían limitarle.LA INJERENCIA TELEFÓNICA Y EL SECRETO DE LAS COMUNICACIONES:Dentro de los procesos de escucha telefónica, el derecho fundamental a resguardar es el secreto de las comunicaciones. Concebido...

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