Jesusito regresa a sus orígenes

 
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"Jesusito regresa a sus orígenes"

Por el Arq. Ernesto J. Armenteros (Cuco)

Jesús fue abandonado en un cafetal el día de Navidad. Lo adoptó María Magdalena y lo cuidó Gladys, la haitiana de la cual se sospechaba era su mamá biológica. Su familia eran los parroquianos del bar de María. Fue muy querido por todos. Jesús se hizo cura.

Esta historia la conocen todos los que han leído la novela Jesús nació en un cafetal, que escribió el Cuco en el 2008 y se publicó en el 2014.

Jesús, mejor conocido como Jesusito, conmovido por el sufrimiento de los haitianos a raíz del terremoto del 2010 decidió ir a Puerto Príncipe a llevar consuelo espiritual y ayuda material a las víctimas de la catástrofe. Su intención era pasar quince días o, como mucho, un mes, pero las noticias y las imágenes que le llegaban del abrumador ambiente de miseria y necesidad de ayuda hizo que Jesusito deseara entregarse a tiempo completo a llevar consuelo y ayuda material a los haitianos.

Recogió alimentos, medicinas y ropa entre sus compueblanos y se fue a Haití en su carro desvencijado. Después de superar terribles acontecimientos que hubieran desalentado a una persona menos motivada, Jesusito les llevó alimentos, los curaba, los consolaba, les daba los últimos sacramentos y los enterraba. En ese quehacer se le pasaban los días, las semanas y los meses. No había horas suficientes en el día para poder corregir las miserias que le rodeaban. Con frecuencia no tenía tiempo para comer o el bocado lo compartía con los más miserables. Jesusito estaba cadavérico y agotado. Sus madres afectivas, María Magdalena y Gladys, su padre, Isaac, sus tíos del bar de María, Elías, etc., echaban de menos a Jesusito; se habían enterado de lo flaco y demacrado que estaba y le habían pedido que regresara a verlos y a reponerse. Finalmente Jesusito decidió regresar, convencido de que su labor no tenía límites, que era como un barril sin fondo, la miseria y necesidades crecían más allá de lo que alcanzaban los recursos para paliarlos. Además, la apatía de las autoridades para atender las necesidades de sus ciudadanos y la corrupción en la distribución de la ayuda tenían a Jesusito desmoralizado y preguntándose cómo podía papá Dios permitir tantas injusticias.

Cuando Jesusito estaba preparándose para regresar al pueblo de sus orígenes, se anunció el peligro del huracán Matthew y decidió esperar que pasara, sin creer que esta nueva catástrofe también afectaría a Haití.

El huracán Matthew, como si fuera guiado por una fuerza diabólica que centraba su destino en Haití, fue directo al sudeste y devastó una de las pocas zonas del país con algo de foresta y de producción agrícola. Esto ocurrió cuando Jesusito se preparaba para regresar a su país.

Sin poder evitar el llamado de la compasión, Jesusito recogió nuevamente donaciones de comida, medicamentos y ropa y se fue a ayudar a los afectados. En un punto del trayecto, una vez más fue asaltado, despojado de todo lo que traía, golpeado y abandonado en el camino. Su hábito blanco se había convertido en un trapo sucio y ensangrentado. Nadie podía creer que era un cura y mucho menos, por ser negro como el carbón, que era un cura dominicano. Afortunadamente, uno de los muchos que había socorrido en Puerto Príncipe lo reconoció y llevó a la clínica de campaña. Jesusito estaba en un estado deplorable, famélico, y, peor aun, preguntándose si lo que hacía por los haitianos valía la pena sin el apoyo y soporte de las autoridades. ¿De qué servía curar la malaria de algunos si continuaban viviendo como cerdos?, ¿si no tenían agua potable o suficiente...

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